
Adicciones
ARGENTINA: ALGUNOS DATOS Y CONSIDERACIONES
SOBRE LA SITUACIÓN
ACTUAL
La Argentina presenta, en la actualidad, una situación
social de preocupación, angustia e inseguridad frente
al futuro. Frente a este contexto, padres, maestros y adultos
referentes de la juventud, desbordados por estas circunstancias,
no siempre ofrecen un continente adecuado que permita a niños
y adolescentes la posibilidad de diálogo, de escucha y
de decodificación de sus mensajes y necesidades. Las distintas
señales que muestran los jóvenes en cuanto a intereses,
malestares o patología, o bien pasan inadvertidas para
los adultos o éstos son incapaces de dar respuestas adecuadas.
A su vez, los adolescentes también se encuentran profundamente afectados
por las circunstancias socioeconómicas por las que atraviesa el país.
Visualizan un horizonte incierto que acrecienta, aún más, la sensación
de incertidumbre y desequilibrio que normalmente acompaña este período
de la vida.
“En la actualidad diversos autores tienden a desarrollar un modelo integrativo
de la comprensión de las adicciones que otorgue un peso relativo a factores
biológicos, psicológicos y sociales. Las concepciones parciales
fracasan al enfocar un aspecto como si constituyera una visión del conjunto.
Contribuyen a aumentar la gravedad del problema algunas fallas que caracterizan
nuestra organización como país” (W.R.Grimson) Actualmente un altísimo porcentaje de la población se encuentra
sin inserción laboral ni educativa, es decir, al margen de cualquier referencia
institucional que los contenga, albergados solo tal vez por la calle o por alguna
esquina. El malestar generalizado, produce un auténtico agujero en las redes de
contención social y en los valores colectivos. Este vacío, insostenible,
se tapa con el consumo de cosas, personas, sustancias “...el hueco social
en que la droga se instala señalando con su presencia otras carencias” (W.R.Grimson).
Así es como el consumo, incluyendo el de sustancias, se ha vuelto una
respuesta cotidiana, normal y esperable para paliar el malestar. Es tolerado
por la sociedad “consumir para olvidar las penas”.
Según Hugo Miguez, históricamente la concentración de la
alarma social siempre se ha realizado sobre los casos con dependencia que son
los que normalmente conmueven a la comunidad. Sin desmerecer la importancia de
este conjunto un examen más completo señala la problemática
del uso de sustancias adictivas como un continuo de problemas diferentes que
implican la existencia de daño en cada uno de los segmentos.
...Las estrategias sociales para resolver las demandas sociales por la via
de las sustancias culminan con frecuencia en el descontrol y señalan que
no es necesario llegar al uso intravenoso de drogas ilícitas para participar
de una situación que hace imposible el cuidado de sí mismo o
de otro frente al SIDA u otros problemas.
El ejemplo conocido del adolescente que aprende a resolver sus problemas tomando
alguna bebida alcohólica para neutralizar sus temores fue con frecuencia
banalizado como problema y puesta en el límite de una trasgresión
esperable, para encontrar hoy, sin embargo, que esto no se limita ya a las
sustancias legales
.
La banalización de los niveles no adictivos se sostienen patrones de Tolerancia
Social que implican la indulgencia hacia hábitos de abuso en el entendido
de que constituyen una forma general de ser y no justifican por tanto una actitud
de censura severa o significativa.... Reflexionar sobre el consumo de sustancias psicoactivas en las
sociedades actuales expuestas a un alto nivel de tensión
social, implica atender por un lado a una diversidad de formas
de utilización por sus efectos tranquilizantes o euforizantes,
en el campo de la diversión o de la producción".
Substancias
Cuando hablamos de drogas nos referimos a cualquier sustancia
externa que pueda modificar la percepción, el estado de ánimo
y el comportamiento desde lo químico cuando no se logra
cambiar la propia realidad desde el desarrollo personal. De esta
manera las sustancias psicoactivas son numerosas: el tabaco,
el alcohol, la marihuana, los medicamentos utilizados más
allá de las indicaciones médicas, la cocaína,
los pegamentos, etc.
Se trata de un “modelo químico de vida” donde
se propone la sustancia como la clave para la construcción
de una realidad que no se logra enfrentar ni modificar con
los propios recursos personales. El problema de la droga
es, por lo tanto, el de la obtención por la via química
de efectos que no han podido lograrse mediante la interacción
con el medio. El individuo concluye que su situación
es inmodificable y, en consecuencia, busca alterar “el
estado de ánimo, los sentimientos, las percepciones” hasta
lograr sin sufrimiento inmediato acomodarse en forma circunstancial
a la realidad y sentirla placentera. Frente a esta elección
se alteran los modos de aprendizaje de la experiencia y el
desarrollo del individuo se resiente en relación directa
con su menor edad (Miguez.H. Uso de sustancias psicoactivas).
Esta tentativa de narcotizar situaciones de nuestra vida para
evitar registrar el displacer, el dolor, el cansancio, la frustración,
termina por suprimir el sistema de señales imprescindible
para preservar nuestra salud tanto física como psíquica.
Por ejemplo, desde la publicidad se promueve narcotizarse para
poder hacer frente a la sobrecarga laboral y a las tensiones
que el contexto social induce. “Las pastillas milagrosas” obran
como señuelos que pueden mitigar cualquier sufrimiento.
Fuente: SEDRONAR
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